El ángulo mágico y el doctor Franz

Muchos descubrimientos trascendentales nacen en establos muy humildes. Galileo reveló las leyes de la caída libre con un ensamblaje tipo el doctor Franz de Copenhague: como no podía medir la velocidad de un objeto en caída libre, utilizó bolas rodando por una pendiente; a lo largo de la pendiente cruzó unas cuerdecitas a espacios regulares, y escuchó cómo sonaban las bolas al chocar contra las cuerdecitas; con esto y un par de inventos más, dedujo que los objetos caían con una aceleración constante, y que esa aceleración era la misma fuera cual fuera la masa del objeto. En manos de Newton, esas deducciones engendraron la ley de la gravedad, y crearon así la ciencia moderna. Cuatro siglos después, Watson y Crick descubrieron la doble hélice del ADN mediante otro montaje del doctor Franz, donde las hélices estaban sujetas con pinzas de fontanero a una barra de acero y las letras del ADN eran recortes de cartulina. Comienzos caseros, grandes avances del conocimiento.

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