¿Quién construye la casa del futuro?

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ACE POCO MÁS DE UNA DÉCADA era difícil imaginar que el futuro del despertador, la linterna, ¡la discoteca!, el reloj o el álbum de fotos se escondía en los escasos centímetros cuadrados de un smartphone. La nanotecnología estaba llamada a transformar también nuestra casa. No era la primera vez que se anunciaba una revolución doméstica. Sin embargo, como le sucediera a la domótica —que ya quiso robotizar las viviendas—, apenas ha alterado nuestras costumbres cotidianas. Los cambios llegan de manera muy paulatina, casi sin darnos cuenta.

Es cierto que tenemos un reloj en el horno y que se desconecta cuando termina el tiempo de cocción, pero estamos lejos de las neveras que tenían que avisarnos cuando los alimentos caducaban o de los baños que detectaban nuestros cambios de presión sanguínea. Las transformaciones domésticas no son revolucionarias. Les cuesta llegar, pero cuando lo hacen es para quedarse.

En comparación con los coches o los lugares de trabajo, los pisos tardan en reflejar esos cambios. Hoy tenemos Internet, pero el salón sigue siendo el mismo. Por eso es difícil anticipar qué propuestas de las miles que manejan los fabricantes permanecerán con nosotros. Un viaje por algunas de las empresas más innovadoras del sector descubre que el futuro de la vivienda no está solo en manos de la tecnología. También que la lógica, la libertad individual —o la customización, como se dice ahora— y la facilidad de uso son clave para que una innovación triunfe y nos apunte cómo vamos a vivir.

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