La carrera europea para controlar el material milagroso

Una parte del ala de un avión desarrollada por Aernnova y Airbus con grafeno

En los años cuarenta, EE UU demostró su capacidad para convertir el conocimiento en poder con el Proyecto Manhattan. El trabajo científico de las primeras décadas del siglo XX para comprender la energía descomunal que mantiene unidos los núcleos atómicos se transformó en pocos años en un par de bombas capaces de zanjar de golpe la última guerra mundial. Veinte años después, volvió a conseguir algo similar con el programa que llevó a un puñado de hombres a la Luna.

Estos son dos casos paradigmáticos de las posibilidades que tienen los grandes Estados para transformar la ciencia en aplicaciones que transformen el mundo y quizá con este tipo de proyectos como referencia se lanzó en Europa el Graphene Flagship, la mayor iniciativa de investigación de la Unión Europea. Puesta en marcha en 2013, cuenta con mil millones de euros para invertir en una década. El objetivo es impulsar las tecnologías basadas en grafeno, un material descubierto en 2004 por los rusos Andre Geim y Konstantin Novoselov que, entre otras propiedades sorprendentes, conduce la electricidad mejor que el silicio, el sustrato sobre el que se ha construido la sociedad de la información.

La cinta que tiene solo una cara

August Ferdinand Möbius.

Hace 150 años fallecía en Gotinga un matemático y astrónomo teórico alemán, August Ferdinand Möbius (1790-1868), fundamentalmente conocido por un famoso objeto matemático que lleva su nombre. La Banda de Möbius se estudia en la topología, el área de las matemáticas centrada en las propiedades cualitativas de los objetos geométricos, es decir, en aquellas que no varían cuando el objeto es estirado o contraído, sin romper ni pegar. En topología, por tanto, no son importantes ni los tamaños, ni las posiciones: es la geometría de la plastilina.

La Banda de Möbius se obtiene al pegar dos lados opuestos de un rectángulo, uno de los cuales se gira antes 180 grados (ver imagen abajo). Posee una sorprendente propiedad: tiene una única cara –es posible dibujar una circunferencia sobre ella sin levantar el rotulador del papel y quedando toda la superficie marcada–. Numerosos diseños industriales utilizan esta cualidad: cintas transportadoras de materiales calientes, correas abrasivas o cartuchos de tinta con forma de banda de Möbius en vez de cilíndrica, que duran el doble de tiempo al utilizarse de manera óptima su única cara.

¿Quién construye la casa del futuro?

casas

ACE POCO MÁS DE UNA DÉCADA era difícil imaginar que el futuro del despertador, la linterna, ¡la discoteca!, el reloj o el álbum de fotos se escondía en los escasos centímetros cuadrados de un smartphone. La nanotecnología estaba llamada a transformar también nuestra casa. No era la primera vez que se anunciaba una revolución doméstica. Sin embargo, como le sucediera a la domótica —que ya quiso robotizar las viviendas—, apenas ha alterado nuestras costumbres cotidianas. Los cambios llegan de manera muy paulatina, casi sin darnos cuenta.

Es cierto que tenemos un reloj en el horno y que se desconecta cuando termina el tiempo de cocción, pero estamos lejos de las neveras que tenían que avisarnos cuando los alimentos caducaban o de los baños que detectaban nuestros cambios de presión sanguínea. Las transformaciones domésticas no son revolucionarias. Les cuesta llegar, pero cuando lo hacen es para quedarse.

En comparación con los coches o los lugares de trabajo, los pisos tardan en reflejar esos cambios. Hoy tenemos Internet, pero el salón sigue siendo el mismo. Por eso es difícil anticipar qué propuestas de las miles que manejan los fabricantes permanecerán con nosotros. Un viaje por algunas de las empresas más innovadoras del sector descubre que el futuro de la vivienda no está solo en manos de la tecnología. También que la lógica, la libertad individual —o la customización, como se dice ahora— y la facilidad de uso son clave para que una innovación triunfe y nos apunte cómo vamos a vivir.

La Caixa beca investigaciones sobre la metástasis y las alternativas al grafeno

Investigadores y personalidades posan al finalizar el acto de entrega de ayudas y becas.

Si imaginamos la expansión tumoral como un tren, la investigadora Anna Labernardie trata de encontrar la locomotora. Mientras, Gonzalo Abellán también está inmerso en otra búsqueda, la de materiales con propiedades “espectaculares” que puedan representar una alternativa o complemento al grafeno. Son dos de los investigadores que han conseguido una de las 30 becas postdoctorales de la Fundación bancaria La Caixa, que durante tres años financiarán sus proyectos de investigación.

En el tren tumoral que Labernardie utiliza para visualizar la metástasis, hay una serie de células que son más capaces de “emigrar” del tumor y lo hacen colectivamente porque les ayuda en su supervivencia. “En un tumor hay distintos tipos de células tumorales, y nuestro objetivo es identificar a estas primeras células que salen del tumor y descubrir cómo funcionan juntas, para intentar combatir la propagación precoz de los tumores”, explica Labernardie.

¿Curar una herida en tres días? Casi un siglo después de su nacimiento, la tirita podría estar a punto de evolucionar

tirita curar heridas

No es más que un pedazo de gasa pegado a un adhesivo y aún así lleva cien años sin evolucionar. Hablamos de la tirita, que cumplirá el siglo en 2020 y prácticamente los únicos cambios que ha sufrido tienen que ver con su tamaño, si es de color carne, transparente o tiene dibujos de Mickey Mouse. Pero ahora parece que las cosas van a cambiar. Un equipo de investigadores de la Universidad de Wisconsin (EE UU) ha presentado un prototipo hecho con nanogeneradores que podría revolucionar su historia.

La que conocemos hasta ahora la inventó Earle Dickson, un empleado de Johnson & Johnson, para cubrir los cortes y quemaduras que se hacía su mujer al cocinar sin necesidad de usar un aparatoso bendaje, explica la página oficial de Band Aid, la primera marca en comercializarlas. Y a pesar de no haber sido ningún éxito de ventas en un principio, ha conseguido convertirse en un básico de cualquier botiquín.

El ángulo mágico y el doctor Franz

Muchos descubrimientos trascendentales nacen en establos muy humildes. Galileo reveló las leyes de la caída libre con un ensamblaje tipo el doctor Franz de Copenhague: como no podía medir la velocidad de un objeto en caída libre, utilizó bolas rodando por una pendiente; a lo largo de la pendiente cruzó unas cuerdecitas a espacios regulares, y escuchó cómo sonaban las bolas al chocar contra las cuerdecitas; con esto y un par de inventos más, dedujo que los objetos caían con una aceleración constante, y que esa aceleración era la misma fuera cual fuera la masa del objeto. En manos de Newton, esas deducciones engendraron la ley de la gravedad, y crearon así la ciencia moderna. Cuatro siglos después, Watson y Crick descubrieron la doble hélice del ADN mediante otro montaje del doctor Franz, donde las hélices estaban sujetas con pinzas de fontanero a una barra de acero y las letras del ADN eran recortes de cartulina. Comienzos caseros, grandes avances del conocimiento.

La señal wifi, convertida en electricidad

Transmitir energía eléctrica a través del aire era una de las ideas que Nikola Teslallegó a patentar hace más de un siglo. Ahora, investigadores de universidades de EE UU y España han logrado capturar la energía contenida en la señal emitida por dispositivos wifi y convertirla en electricidad. Usando un nanomaterial de solo tres átomos de espesor, han diseñado una antena que transforma las ondas electromagnéticas en corriente continua. Aunque la potencia lograda no supera el rango de los microvatios, la flexibilidad mecánica del material y la omnipresencia de las señales electromagnéticas necesarias para conectar millones de ordenadores y móviles a internet acercan el sueño de una electrónica que esté en todas partes. Es decir, que de cada señal inalambrica se pueda obtener electricidad.

El matemático que dejó de estudiar galaxias para intentar curar el cáncer

Ese chaval melenudo y barbudo de la foto, Mauro Ferrari, va a manejar un presupuesto mayor que el de muchos países: 16.600 millones de euros para el periodo 2021-2027. La Comisión Europea acaba de anunciar que ese chico, hoy un señor de 60 años, será el próximo presidente del Consejo Europeo de Investigación, el mayor organismo dedicado a financiar la ciencia en el continente. Esta es la triste historia de aquella foto de 1987.

En una década habrá carne sintética de laboratorio

La nanotecnología (tecnología de los materiales y de las estructuras en la que el orden de magnitud se mide en nanómetros) es la rueda del S.XXI. Una empresa ha desarrollado nanoimpresiones que se podrán usar con cualquier dispositivo electrónico (móvil, ipad etc) para que no sea necesario llevar gafas o lentillas. Un software gradúa el problema de visión de cada usuario. Además, “la nanotecnología ofrecerá en 10 o 15 años soluciones como nanorobots: robots que circulan por el torrente sanguíneo hasta células tumorales sin afectar al resto del cuerpo”, afirma Manuel Fuertes, director de Kiatt. Pero todavía hay que dar muchos pasos antes de que sea posible. «Hoy por hoy el desarrollo de robots para ayudar en la lucha contra las enfermedades está en fase experimental», asegura Julio Mayol, director médico del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

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